diumenge, 22 d’abril de 2012

Musée des beaux-arts de Montréal. Feininger.

Hoy he hecho un descubrimiento, y es que el museo que mola por aquí no es el de arte contemporáneo (pequeño, caro y con instalaciones en plan: habitación a oscuras con ruidos electrónicos de fondo y una diapo de un cuerpo celeste de color naranja: gracias, gobierno provincial, por la jugosa inyección de dinero público!). Es el museo de bellas artes, con una selección de arte contemporáneo que SÍ mola. Además, es gratis. Y pese a ello, yo he pagado hoy 15 dólares por ver la exposición temporal sobre Lyonel Feininger. Un tipo que no conocía pero que me ha caído genial.
Feininger nació en EEUU hijo de músicos (él alemán, ella de ascendencia alemana). Comenzó su carrera como caricaturista en la prensa alemana (se comió dos pre-guerras y dos guerras, así que podemos decir que vivió tiempos interesantes) y también dibujó cómics para el Chicago Tribune. Me parece un ilustrador de primera, buenísimo, con un estilo propio como cartelista, un sentido del humor, unas composiciones, uso del color... muy genuinos.

Luego, con trentaipico, parece que le dio por pasarse a la pintura (óleo sobre lienzo) y nada volvió a ser igual: tiene obras fauvistas muy interesantes y finalmente parece que el cubismo fue el amor de su vida y ahí se instaló casi hasta el final (1956). Que está muy bien, pero dibujando era TAN bueno, comunicaba tanto, y era tan diferente...







Tanto la exposición como su carrera me transmitían un poco de complejo y desprecio hacia la ilustración, rollo: "bueno, sí, estos son dibujitos, y AHORA viene lo bueno, AHORA es cuando deja el papel por el lienzo y los pinceles, y se encuadra en una corriente, y trasciende".  Y no sé argumentarlo muy bien, pero me parece que es una cagada dejar un estilo propio cuando por fin se ha conseguido (con lo que cuesta) y adoptar un lenguaje y técnicas ajenas. También me parece que el desprecio implícito o explícito a la ilustración podría tener que ver con que las pinturas se exponen y se compran bien caras mientras que los dibujos se divulgan en publicaciones que llegan a mucha más gente, la reproducción los desprovee del toque elitista... Ni idea de historia del arte. Bueno, de cualquier manera este tipo me ha gustado mucho. Ahí os dejo algunas de las obras que más me han gustado.

dimarts, 17 d’abril de 2012

Miam miam...crunch, crunch...


De la serie... pequeños placeres sustitutivos que se ingieren... ¡la panocha!

Para contextualizarlo... la primavera ha llegado o algo así... hace un par de semanas estábamos apenas sobre cero. Ayer hizo 28 Cº (para volverse majaras, así están...)... y así andamos. El abrigo molesta a ratos, las mayas bajo los pantalones empiezan a picar (dentro de poco lo de "me suda la Ch***" dejará de ser una expresión malsonante para ser meramente descriptiva de la realidad), los pinreles empiezan a cantar como Eric Adams cuando se pone con la ópera.. pero no me atrevo a despojarme de mis pieles. Que luego se pillan unos virusacos que ríete del ébola-marburgo. Así que no doy oficialmente por empezada la primavera.

Eso sí, los mercados de barrio han abierto (carpas al lado del metro con cuatro verduras, no os vayáis a creer!). Y en ellos, la oferta del día puede ser realmente tentadora (unas naranjas y unas peras que ole...hoy un doctorando me ha intentado sobornar con una pera y ha funcionado, le he corregido un resumen de mierda para una asignatura de mierda).

La compra de hoy me la he tomado como el descanso del guerrero del spss...cómo me gustan las panochas de maíz. Es una de esas pocas cosas que la sociedad permite comer con las manos y ponerse to cerdaco hasta las orejas de jugo/grasa (estoy pensando en la Sandía, en el jabalí de Obélix...). Están buenas. Son originarias de este continente (sí, están más buenas que en Iberia). Son anticancerígenas! y son divertidísimas de comer. Una regresión a la infancia por 1.99$CAD

Cómo las he hecho: las he pelado, lavado y puesto en una sartén con una gota de aceite a fuego vivo, las he ido girando y cuando he pensado que se iban a quemar sin hacerse por dentro, he echado un vaso de agua, he bajado algo el fuego y tapado la sartén. Las he girado un rato más (total, unos 15 minutos), servido, aliñado con sal y un poco de mantequilla y al buche. Burp.