dimarts, 17 d’abril de 2012

Miam miam...crunch, crunch...


De la serie... pequeños placeres sustitutivos que se ingieren... ¡la panocha!

Para contextualizarlo... la primavera ha llegado o algo así... hace un par de semanas estábamos apenas sobre cero. Ayer hizo 28 Cº (para volverse majaras, así están...)... y así andamos. El abrigo molesta a ratos, las mayas bajo los pantalones empiezan a picar (dentro de poco lo de "me suda la Ch***" dejará de ser una expresión malsonante para ser meramente descriptiva de la realidad), los pinreles empiezan a cantar como Eric Adams cuando se pone con la ópera.. pero no me atrevo a despojarme de mis pieles. Que luego se pillan unos virusacos que ríete del ébola-marburgo. Así que no doy oficialmente por empezada la primavera.

Eso sí, los mercados de barrio han abierto (carpas al lado del metro con cuatro verduras, no os vayáis a creer!). Y en ellos, la oferta del día puede ser realmente tentadora (unas naranjas y unas peras que ole...hoy un doctorando me ha intentado sobornar con una pera y ha funcionado, le he corregido un resumen de mierda para una asignatura de mierda).

La compra de hoy me la he tomado como el descanso del guerrero del spss...cómo me gustan las panochas de maíz. Es una de esas pocas cosas que la sociedad permite comer con las manos y ponerse to cerdaco hasta las orejas de jugo/grasa (estoy pensando en la Sandía, en el jabalí de Obélix...). Están buenas. Son originarias de este continente (sí, están más buenas que en Iberia). Son anticancerígenas! y son divertidísimas de comer. Una regresión a la infancia por 1.99$CAD

Cómo las he hecho: las he pelado, lavado y puesto en una sartén con una gota de aceite a fuego vivo, las he ido girando y cuando he pensado que se iban a quemar sin hacerse por dentro, he echado un vaso de agua, he bajado algo el fuego y tapado la sartén. Las he girado un rato más (total, unos 15 minutos), servido, aliñado con sal y un poco de mantequilla y al buche. Burp.