dimarts, 21 de febrer de 2012

Pequeños placeres



No diré en sustitución de qué. El viernes vi a una señora mayor, latina, bastante ajada, volver a su casa en bus después de hacer la compra, por la noche. La mujer abrió una caja de frambuesas en su asiento y se las comió a hurtadillas, mirando de reojo y con gran deleite. Con culpabilidad también, pero pese a eso -o precisamente por eso- con gran placer. A saber qué proporción del presupuesto familiar se estaba comiendo a toda prisa antes de volver a casa. Y qué golosina más lujuriosa: no es chocolate, no está manufacturada ni envuelta... y sin embargo tiene ese color rosado, esa textura aterciopelada y blandita... esas bolitas dulces que explotan en la boca liberando su ... me entraron unas ganas terribles de comerme una caja de frambuesas. Y es exactamente lo que me acabo de jalar de postre.


Nunca comerse las uñas fue tan nutritivo y sano.

6 comentaris:

Samu ha dit...

ÑAAAAM

galais ha dit...

Por añadir un poco de color al gris/negro/blanco cementerio...

Pepe Ventura ha dit...

Fruta, caca.

galais ha dit...

Fruta=vitamina C. Puede ser lo que te separe de un suicidio en esta latitud, you know?

Anònim ha dit...

No comas fruta! mira lo que le pasó al Antonio!

Anònim ha dit...

No comas fruta! mira lo que le pasó al Antonio!